Cartas de Laura · Edición quincenal
Camuflaje: el coste invisible de parecer normal
La carta de hoy
Hay un gesto que muchas mujeres con TDAH conocen sin saber que lo conocen. Es el gesto de entrar en una reunión, escanear la sala y decidir en medio segundo qué versión de ti misma va a funcionar hoy. La que asiente. La que toma notas aunque no las necesite. La que sonríe cuando hace rato que te perdiste en la conversación y estás haciendo un esfuerzo sobrehumano por volver.
Eso es camuflaje. Y es tan automático que la mayoría de las mujeres que lo practican no saben que lo están haciendo.
Un estudio publicado este año en el Reino Unido entrevistó a 52 mujeres diagnosticadas de TDAH en la adultez. Casi todas pasaron antes por terapias para la ansiedad, por diagnósticos equivocados, por años de profesionales que no las miraron con la pregunta adecuada. La conclusión de las investigadoras fue clara: hace falta formación con perspectiva de género y marcos diagnósticos que reconozcan cómo se presenta el TDAH en mujeres.
El camuflaje no es vanidad ni inseguridad. Es una estrategia de supervivencia que construiste sola, probablemente antes de los diez años, cuando el mundo te dejó claro que tu forma natural de ser era un problema. Que interrumpir era maleducado. Que olvidar las cosas era una señal de que no te importaban. Que no terminar lo que empezabas era vagueza.
Así que aprendiste a actuar. A parecer organizada aunque por dentro fuera un caos gestionado a base de ansiedad. A parecer atenta aunque tu cabeza estuviera en otra galaxia.
Y eso tiene un precio. El precio se llama agotamiento crónico. Se llama llegar a casa y necesitar dos horas de silencio absoluto porque has gastado toda tu energía en parecer alguien que funciona bien.
ADDitude Magazine lo ha llamado así este año: «otra carga indebida para las mujeres en el trabajo». El sesgo es doble. Expectativas de género por un lado, expectativas neurotípicas por el otro. Y la pregunta que muchas se hacen al final del día no es «¿qué he hecho?» sino «¿cuánto de lo que he hecho era de verdad yo?».
No es que fueras falsa. Es que estabas sobreviviendo.
Una herramienta para esta semana
El descamuflaje no se hace de golpe. Quitarse la máscara después de décadas es como aprender a escribir con la otra mano: al principio todo sale torcido y da vértigo.
Puedes empezar por algo sencillo. Esta semana, lleva un registro, mental o en papel, de tres situaciones donde te pones la máscara. No hace falta que cambies nada de lo que haces. Solo observar.
Pregúntate: ¿En qué momentos modifico cómo hablo, cómo miro o cómo respondo para encajar? ¿Qué pasa con mi cuerpo en esos momentos? ¿Cómo me siento al salir de ahí?
No busques un resultado perfecto. Busca cualquier diferencia respecto a cómo funcionas normalmente. El primer paso del descamuflaje no es dejar de camuflarte. Es saber cuándo lo estás haciendo.
Lo que me han preguntado
«¿Cómo dejo de sentir que soy una impostora en el trabajo?»
Esta pregunta me la hacen mucho. Y lo primero que quiero decirte es que el síndrome del impostor, cuando tienes TDAH diagnosticado tarde o sin diagnosticar, funciona distinto que en otras personas. No nace de la inseguridad gratuita: nace de años haciendo el doble de esfuerzo para conseguir lo mismo y atribuir los éxitos a la suerte y los fallos a tu naturaleza.
La impostora no eras tú. Eras tú funcionando con un manual que no estaba escrito para tu cerebro.
No hace falta que dejes de sentirlo. Prueba a mirar el esfuerzo real que has puesto, no solo el resultado.
Una puerta
El camuflaje no se queda en el trabajo. También entra contigo en casa, en las cenas con amigas, en la cama con tu pareja. Aprender a parecer normal durante años tiene un coste que no se ve hasta que alguien te mira de cerca y te pregunta quién eres de verdad debajo de todo eso.
Esa conversación, la del camuflaje en las relaciones, merece un espacio propio. Le dedicaré un libro entero.
Mientras tanto, puedes escribirme o explorar los recursos en la web. La puerta está abierta.
Cartas de Laura — edición quincenal sobre TDAH en mujeres adultas.
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